Segovia y su Acueducto Romano

El Acueducto de Segovia es una estructura única del Imperio Romano que todavía hoy conserva sus características originales, y sigue siendo uno de los símbolos más importantes del paisaje regional; representa tanto la expansión del Imperio Romano durante el siglo I DC, como  la atención a la estética y la funcionalidad que están tan fuertemente asociadas con el valor de la ingeniería del mundo romano. Este acueducto funcionó durante muchos siglos después de la caída del Imperio, y siguió sirviendo a la comunidad de Segovia bien entrada la era moderna. Hoy en día es una de las características del paisaje de Castilla y León, lo que da carácter a la región, y es bien merecedor de la atención que está recibiendo para su constante protección y conservación.

El Acueducto de Segovia fue construido durante la segunda mitad del siglo 1 DC, bajo el dominio del Imperio Romano, y ha estado suministrando agua a la ciudad desde el manantial de la Fuenfría hasta el siglo XX. La parte más elevada de la estructura se encuentra a  28,5 metros de altura en su máxima altura, a lo que se suma cerca de 6 metros adicionales de profundidad en la sección de los cimientos. A lo largo de 14 kilómetros de paisaje ondulado, el acueducto se ajusta a los contornos del valle, de las colinas y de la ciudad, y crea una sensación de grandeza y monumentalidad. Los pilares y los arcos de sus dos pisos superiores están hechos de sólidos bloques de piedra que se ajustan perfectamente casi sin necesidad de mortero, y los arcos inferiores se alternan en altura de acuerdo con la adaptación de la estructura a los accidentes de la tierra. Fue necesaria una reconstrucción durante los siglos XV y XVI, pero no fue hasta la décadas de 1970 y 1990 que fue necesaria una intervención urgente de conservación.

Como uno de los acueductos romanos mejor conservados de Europa, fue inscrito como Patrimonio de la Humanidad en 1985, y se ha convertido en una seña de identidad no sólo para la ciudad de Segovia, sino para el país entero.

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